Equipo del Deportivo Municipal con un grupo de reinas en los años 50.

Conversando con “” Barreda, el encargado de esta sección del diario, me ofrecí a participar, y como es obvio, el tema era el Municipal.

Fue la vez que en el Diario Oficial se escribía una página central sobre fútbol. Lo curioso es que años después, este mismo artículo fue “pirateado” y publicado con puntos y comas en el desaparecido diario “Liberación”.

No gané el premio, pero como escribió Pancho, en el libro de visitas de la BDB, ese 22 de noviembre, quedó oficializado que el “Muni, es el Campeón de la Pasión”.

“Dicen que en las reuniones no se puede hablar de política, religión ni fútbol. Cada uno despierta sus propias pasiones y más de una vez son motivo de riñas y disputas. Para entender un poco más a los hinchas del fútbol, el autor de la nota plantea la radiografía de un club que se aferra a su grandeza”.

Eran las 14.50 horas del domingo 26 de noviembre de 2000. El esplendoroso Sol que calentaba al Callao desapareció y, simultáneamente, el estadio Miguel Grau enmudeció: el Deportivo Municipal había descendido a la Segunda División.

No lo creía, nadie podía creerlo. El “Muni” ya no estaría durante 2001 en el llamado fútbol rentado. Había empatado a un gol con Alianza Atlético de Sullana, cuando más se requería del triunfo. De esa manera, murió la ilusión de la fiel “Banda del Basurero” –su barra– y de la leal hinchada. El sueño de niños, jóvenes y adultos.

Me convertí en hincha del “Muni” en 1977, semanas antes de cumplir nueve años, y el primer partido que vi fue frente al Defensor Lima. En el primer tiempo ganábamos 2 a 0, pero al final el encuentro terminó 3 a 2 en nuestra contra. Descendimos al último lugar de la tabla, colista absoluto del torneo. Sin embargo, igual me enamoré de “La ”.

Durante mi etapa escolar, en el Maristas San Juan, fui el único hincha edil en mi salón; pero eso nunca me amilanó, por el contrario. Además, en el colegio, como lo dice Alfredo Bryce en Un mundo para Julius, “también había muchos hinchas del Municipal”.

Pasión y dolor

En mis 25 años (hoy 32 años) como consecuente seguidor de “La Franja Roja”, que acude al estadio cada semana, en cualquier lugar del Perú, nunca sentí tanta tristeza como ese domingo.

El árbitro marcó el final del partido y el inicio de nuestra pesadilla. Aquel día la tribuna de oriente quedó muda. Nadie habló. Sólo sentía brotar mis lágrimas, a la vez que observaba los ojos enrojecidos de los demás.

En ese momento, descubrí que aquel que aseguró que llorar era cosa de mujeres dijo una gran mentira. Vi a hinchas jóvenes abrazar a aquellos que peinan canas. A madres consolando a esposos e hijos, y a los más pequeños, que intentaban comprender el porqué del llanto de los mayores.

El Callao y los hinchas del Sport Boys, que asistieron a alentar a su equipo, guardaron respetuoso silencio ante el dolor del amigo, quizá en recuerdo de lo que les sucedió años atrás.

En ese momento de tristeza, rememoré las historias que mi abuelo me contaba respecto al “baile” y los triunfos de “La Academia” sobre equipos importantes de Sudamérica como Boca Juniors, River y Racing, de Argentina; Peñarol, de Uruguay; así como Colo Colo y Santiago Morning, de Chile, y me pregunté: ¿cuándo cambió todo?

Recuerdo que llegué al Miguel Grau al mediodía, una hora antes del partido, y aprecié cómo la “Banda del Basurero” se juntó poco a poco. Sus integrantes llegaron del Cercado de Lima, el Callao, San Borja, San Isidro, Surco, La Victoria, Comas, San Juan de Miraflores, San Juan de Lurigancho y otros distritos de la capital; incluso acudieron hinchas que llegaron a Lima desde Huancayo, Chiclayo y otros lugares del país.

Ingresamos en el estadio, copamos la tribuna de oriente y alentamos, igual que siempre, todo el partido. No paramos de cantar, aplaudir y repetir con gran entusiasmo el viejo grito de batalla: “¡Echa ‘Muni!”.

Desde la tribuna, la hinchada hizo lo que correspondía; pero en la cancha no ocurrió lo mismo con los jugadores. Nos adelantaron en el marcador y el colombiano Nilson Álvarez empató. Tuvimos más de 30 minutos para ganar el partido, pero no se pudo.

La Franja Roja de nuestra camiseta se convirtió en una franja de sangre, nuestra sangre. El descenso fue el corolario de una campaña pésima.

Transcurrieron dos años desde aquel nefasto día y la verdad es que aún tengo el corazón destrozado. Este 2002, como el año anterior, no se logró el objetivo de ascender. La carencia de dirigentes nos condenó a jugar un año más en las polvorientas canchas de la Segunda División.

La historia

El Deportivo Municipal, con 67 años de existencia, escribió una parte muy importante de la historia futbolística del Perú. Fue fundado el 27 de julio de 1935 por Ángel Pisani, con la participación de empleados y obreros de la sección de Baja Policía de la Municipalidad de Lima.

“La Academia” fue campeón en 1938, 1940, 1943 y 1950. Obtuvo, además, el subcampeonato en 1939, 1941, 1942, 1944, 1945, 1946, 1947, 1951 y 1981.

En la década de 1940, el Deportivo Municipal recibió del aficionado el apelativo de “La Academia”, por su juego vistoso y de filigrana, desempeñado por los llamados “Tres Gatitos”: Luis “Caricho” Guzmán, Máximo “Vides” Mosquera y Roberto “Tito” Drago.

Debido a su jerarquía, era el club que salvaba las añoradas temporadas internacionales, recordándose el triunfo en Lima sobre Boca por 2 a 1. Es más, fue el cuadro que en 1948 representó al Perú en la , predecesora de la Copa Libertadores, y se le consideró el mejor equipo del Pacífico.

En ese torneo, le ganó al local Colo Colo por 3 a 1; goleó al Emelec, de Ecuador, por 4 a 0; y por 3 a 0, al Litoral, de Bolivia, cayendo con el posterior campeón: Vasco da Gama, de Brasil.

Ya en 1967, Municipal perdió la categoría, pero, de la mano de Hugo “Cholo” Sotil, volvió a primera división al año siguiente, entre el júbilo de los miles de hinchas que siguieron al equipo semana a semana, abarrotando las instalaciones del estadio San Martín de Porres.

Desde esa época hasta la actualidad, Deportivo Municipal desarrolló campañas realmente irregulares; aunque en 1981 clasificó para participar en la Copa Libertadores, tras jugar tres partidos con su tradicional rival: Universitario.

En el primer partido, “Muni” venció 2 a 1. Cuatro días después, la “U” le ganó a “La Academia” por la mínima diferencia. Ambas escuadras tuvieron que enfrentarse en un partido adicional, en el que Municipal ganó por 3 a 2, tras una inolvidable de Eduardo Malásquez, Franco Navarro y Jaime “El Diablo” Drago.

Con posterioridad, logró el título del denominado Campeonato Intermedio, para clasificar al torneo Conmebol. Empero, sin razón aparente, la dirigencia de entonces prefirió otorgarle tal privilegio al Sporting Cristal. Formaron parte de ese equipo, entre otros: Nolberto Solano, Roberto Arrelucea, Jesús Purizaga y Carlos Cáceda.

En adelante, no hay mucho que decir, salvo recordar aquel partido en que venció en 1998 al Platense de Argentina por 3 a 2, con estadio lleno, y el triunfo, este año, por 1 a 0 sobre Deportes Iquique, de Chile.

Sentimiento y frustración

Ahora, la realidad es distinta. El “Muni” seguirá por tercer año consecutivo en la Segunda División. La diferencia es que la hinchada busca alternativas de solución a la crisis institucional en que se encuentra el club para, de no mediar inconveniente, asumir las riendas de la institución y, cual ave Fénix, lograr que “La Franja Roja” vuelva a competir en la división de honor.

Durante todos estos años me pregunté: ¿cuál es el sentimiento que me une a este club: el amor o la pasión? Y la respuesta es simple: el amor, porque la pasión pasa con los años; en cambio, el amor, pese a los malos momentos, siempre crece.

Nunca vi al “Muni” ser campeón nacional. Sólo he sentido frustración tras frustración, pero no importa. “La Academia” jugará mañana sábado su último encuentro del campeonato 2002. No hay ninguna opción, pero al igual que toda la hinchada aguardo que llegue la hora para acudir al estadio a ver y alentar a un grande, al más grande. ¡Aguante, “La Academia”!

Félix Paz

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